133. El diario de Laura

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Alex se puso a llorar mientras se lamentaba y justificaba lo que hizo. Lo abracé.

Lucille se veía preocupada. Madie estaba muy seria.

— Iré a hablar con Will— dijo Lucille.
— No, yo debería ir— dijo Madie—. Fue mi culpa que este niño tonto lo supiera.
— No, debo ir yo— dijo Lucille—. Además hay algo que quiero preguntarle.

Sin decir más, caminó con rumbo al hospital, donde se fue Will.

Madie le gritó que debía buscarlo en las escaleras.

Luego ella y yo nos quedamos ahí en silencio un rato mientras Alex seguía llorando.

— Deberías ir con Zac— me dijo ella—. No sé qué tan mortífero fue lo que le dijo este bobo pero seguramente no fue lindo.
— No, fui muy malo— dijo Alex entre sollozos—. Como si me hubiera poseído algún demonio.
— Me gustan las posesiones demoniacas— dijo Madie—. Pero no cuando lastiman a alguien tan idiota como Zac. Entonces ya no son divertidas. No tiene caso tratar de derrumbar a alguien que ya está en el suelo.
— ¡Y ahora Will me odia!— dijo Alex con dramatismo.
— No te odia— le dije—. Sólo está enojado.
— Y cuando sepa qué le dije a Zac, va a enojarse más— dijo Alex.
— ¿Qué le dijiste?— pregunté.

Él nos contó. Ya entendía el porqué decían que alguien se había peleado con Zac. Alex salió de la enfermería gritando que lo odiaba sin ser discreto. Llamó mucho la atención y algunos incluso salieron de sus salones para ver qué pasaba.

— ¡Cómo puedes ser tan idiota, Zac es presidente del consejo estudiantil, tiene una reputación qué mantener!— le dije.
— ¡Él lastimó a mi hermano y no iba dejar que se saliera con la suya!— dijo Alex.
— Will puede defenderse por sí mismo— dije—. Eso es lo que ha estado haciendo.
— Pero no es justo— dijo Alex serio—. Él en verdad amaba a Zac. Merecía que lo amaran también.
— Las cosas nunca pasan como queremos— dije—. Pero en momentos así es cuando más apoyo necesitamos de los que nos quieren. Si sabías lo que le pasó a Will, debiste ir a abrazarlo. Debiste ir para hacerlo sentir que todo estaba bien.
— Wow, sí que serías una buena hermana— dijo Madie.
— En realidad no— dije—. Cuando me enteré de lo que pasó en verdad me enojé, incluso más que Alex. Sentía que el enojo iba a hacerme explotar. También le dije cosas horribles a Zac. Estuve enojada con él mucho tiempo pero solucionamos las cosas porque él no es malo. Hace muchas cosas tontas pero nunca quiere herir a alguien. No sé qué pasó esa tarde cuando Will le dijo sus sentimientos, pero estoy segura de que Zac no quiso ser cruel.
— Pero lo fue— dijo Alex—. Por eso Will cambió.
— Pero ha cambiado para bien— dije—. Es más fuerte de lo que parece. Y ya está dejando todo esto sobre Zac atrás. Bueno, al menos lo intenta. Sale adelante y eso es bueno. Por eso está enojado contigo, porque él se ha esforzado mucho para manejar todo con madurez.
— ¡Al demonio la madurez, yo quiero que Zac sienta lo que es que le rompan el corazón!— dijo él—. Sólo así estaremos a mano.
— A él también le va mal por eso— dije.
— No lo parece— dijo Alex—. La última vez que lo vi parecía muy recuperado.
— Él es mejor que nadie para fingir que está bien— dije—. Aunque últimamente no le sale.
— Dígame una cosa— dijo Madie—. Yo nunca vi cómo eran Will y Zac cuando estaban juntos pero debía existir algo muy obvio entre ambos como para que todos se indignaran cuando Zac rechazó a Will.
— Will era muy obvio— dijo Alex—. Él no ocultaba para nada lo que sentía.
— No podía— dije, recordé todas esas veces en las que él miraba a Zac—. Trataba porque seguramente quería ser discreto pero... nunca lo logró. El amor se le escapaba por los ojos.
— Pues parece que nunca le llegó a Zac— dijo Alex.
— Entonces en verdad estaba enamorado— dijo Madie—. Admito que una parte de mí se negaba a creerlo. Pero es verdad. No existe otra razón por la que está tan mal.
— Pensé que estaba mejor— dije.

Ella me observó.

— Trata pero no lo logra— dijo ella—. No del todo. Sus sentimientos eran muy fuertes, no se irán tan fácil. Además, que a Zac le pasen cosas malas no ayuda en nada. Sólo se preocupa más por él.

Miramos a Alex.

— No me disculparé por eso— dijo él.
— Sí lo harás— le dijo Madie—. Pero no con Zac. Discúlpate con Will por meterte en sus asuntos.
— Él no me perdonará— dijo Alex—. Se veía muy enojado.
— Will es Will— dijo Madie—. No puede estar enojado mucho tiempo. Sé sincero con él y te perdonará. Eres su hermanito.
— Lo haré— dijo Alex.
— ¡Pues ya!— dijo Madie.

Lo sacó del auto y lo empujó afuera.

— ¡Vamos, corre!— le dijo ella.

Alex, más asustado por Madie que motivado, se fue rápidamente al hospital.
Lo observamos irse.

— Quizá debí ir con él— dije.
— No, deja que lo haga solo— dijo ella.
— Pero me preocupa— dije.
— Eres mujer, acostúmbrate a estar preocupada todo el tiempo.

Ella se veía un poco decaída.

— ¿Estás bien?— le pregunté.

Me observó.

— Claro, a mí no me ha pasado nada— dijo ella.
— Pero a Will sí— dije—. Sé que no te agrada verlo mal.

Ella parecía pensativa.

— En realidad... lo que me molesta es no poder ayudarlo— dijo ella—. Lo intento pero no pasa nada. En verdad estaba enamorado. Lo está aún. Lo sé. Pero ahí estamos.
— Somos sus amigos— dije.
— Pero también Zac está sufriendo. No parece correcto que ambos sufran por eso. Simplemente no parece justo para nadie.

Miré al suelo.

— No lo es— dije.

Nos quedamos en silencio un rato.

— Hace frío— dije.
— Es diciembre, no esperes calor— dijo ella.
— Yo siempre espero cosas— dije—. Aún si nadie más las espera.

Ella me observó. Iba a decirme algo cuando Lucille se aproximó. Llegó hasta nosotros.

— ¿Y bien?— le preguntó Madie.
— Alex se quedó hablando con él— dijo ella—. Creo que solucionarán esto. Por otro lado, yo tengo un plan.
— ¿Un plan?— dije—, ¿Para qué?
— Para solucionar todo— dijo ella muy feliz—. Tengo una idea y creo que no estoy equivocada.
— No entiendo— dije.
— Tú déjalo en mis manos— dijo ella—. Sé qué debo hacer. Aunque probablemente voy a necesitar que Jason me ayude.
— Sí, es chico es genial— dijo Madie—. Sabe dar buenos consejos. También sabe mucho de música.
— ¿De música?— dije.
— Sí, el otro día pasamos por una tienda de discos antiguos y no había nada que no conociera— dijo Madie.
— ¿Cuándo fue eso?— pregunté.
— No lo sé, hace unas semanas— dijo ella—. Ahora que lo pienso, su cumpleaños es próximamente. No sé qué debería regalarle.
— Deberían planearle una fiesta— dijo Lucille.
— A Jimi le gustará la idea— dije.
— Sí, seguro que sí...— dijo Lucille.

Ellas siguieron hablando de eso pero ya no les puse atención. Jason no me había contado que Madie y él fueron a una tienda. Solía pensar que él me contaba todo porque éramos amigos aunque lo cierto era que cuando estábamos juntos yo hablaba y él me escuchaba.

Quizá simplemente no lo conocía para nada.

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