22. El diario de Jimi

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— ¡Lo logré!— dije feliz—, ¿Vieron eso? Logré golpear el balón.
— Eres un buen estudiante— dijo Zac.
— Tú eres un buen maestro— le dije.

Me alegraba ver a Zac de vuelta.
Evan se acercó a mí.

— ¡Jimi, ese fue un buen tiro!— dijo.
— Hay que dividirnos en equipos— dijo la profesora—. Yo quiero ser capitana de un equipo. ¿Parece bien?
— Yo pido ser el capitán del otro equipo— dijo Zac.
— ¿Por qué?— dijo la profesora—, ¿Quieres perder?
— ¿Perder?— dijo Zac—, ¿Yo? Nunca en esta vida.
— Soy muy buena— dijo la profesora repentinamente competitiva—, no tendré piedad aún cuando sé que hoy cumples años.
— No necesito piedad— dijo Zac, muy serio—, confío en mí.
— Luz es muy buena— dijo Evan.
— Demasiado— le dijo George a Zac—, no sabes en lo que te estás metiendo.
— Me gustan los retos— dijo Zac, confiado.
— Haré que te arrepientas de tus palabras— dijo la profesora, había fuego en su mirada.
— Ya veremos— dijo Zac.

Se sentía la tensión en el ambiente. Zac era muy competitivo. No dudaba de la capacidad de la profesora pero sabía que a Zac no le gustaba perder.

— Escoge a tu equipo— le dijo ella.
— Jimi y Evan jugarán conmigo— dijo Zac.
— Ya gané— dijo la profesora—, así que supongo que George y Jason son mi equipo.
— Yo juego basquetbol— dijo Jason—. Así que no sé si pueda ser de mucha ayuda.
— Y George casi no juega— dijo Evan—, creo que podemos ganar. Yo no estaría tan confiada, prima.
— Confío en mi esposa— dijo George—. Ustedes perderán.

Eso se estaba poniendo serio. Pensé que probablemente yo no ayudaría en nada y quería decirlo pero los ojos de Zac lanzaban chispas. No dije nada.

Empezó el partido. Efectivamente, George no era tan bueno. Jason sorpresivamente sí. Y la profesora daba miedo. Pero Zac era demasiado bueno.

— Eres muy bueno— le dijo la profesora a Zac—, ¿No juegas con el equipo de basquetbol?
— Sí pero jugué voleibol en la secundaria— dijo Zac.
— No importa— dijo ella—, perderás de todas formas.

Seguimos jugando. Zac nos organizó. Yo estaba en la parte de atrás. Logré golpear el balón un par de veces pero casi no llegaba hasta atrás. Toda la actividad estaba cerca de la red, en donde Zac y la profesora tenían una batalla a muerte en la que casi se podía escuchar la música épica de fondo. Evan era sorpresivamente bueno. Él y Zac habían hecho un buen equipo. Estaban casi al mismo nivel que Jason y la profesora.

— Hagamos una apuesta— dijo ella—. Ustedes, menos Jimi, serán mis alumnos el año que viene. Si me ganan, les ayudaré si les va mal. Por otro lado, si pierden, olvídense de mí. Menos Jason, que en contraparte podría irle muy bien.
— Eso es muy conveniente— dijo Jason—. Parece ilegal, pero es muy conveniente.
— No necesito ayuda para pasar mis materias— dijo Zac.
— Pero Evan sí— dijo la profesora—. Si pierden le irá mal... y será tu culpa.

Zac observó a Evan. Él parecía nervioso.

— ¡Es diabólica!— le dijo Zac a la profesora—, ¿En verdad haría eso?
— Sí— dijo ella con malicia—. No me importaría que Evan sea mi primo y tú mi sobrino.
— Por eso te amo— le dijo George.
— ¡Zac, tengo miedo!— dijo Evan.
— Hay que reagruparnos— dijo Zac—, necesitamos un tiempo.
— Bien— dijo ella—, nosotros haremos lo mismo. Seran cinco minutos.

Nos alejamos de ellos.

— Acabo de tener una visión— dijo Evan—. Todos se graduan menos yo.
— No digas eso— dije.
— ¡Ella nos quiere destruir!— dijo Evan con dramatismo.
— Yo mismo me encargaré de que te gradues— dijo Zac, determinado—. No perderemos.
— Pero ella es muy buena— dijo Evan—. Y mala. ¡MALA!
— Podemos ganar— dijo Evan—. Hay que seguir como hasta ahora. Tenemos una estrategia. Además, nosotros tenemos una ventaja.
— Jason no va a ayudarnos— dijo Evan—, él necesita ganar.
— No hablaba de Jason— dijo Zac, parecía un villano de película de acción—. Me refería a el punto débil de la profesora.

Ambos miraron con dirección al otro equipo.

— Entiendo a qué te refieres— dijo Evan, parecía tan malo como Zac.

Intercambiaron miradas con complicidad.

— ¿Qué significa eso?— pregunté.
— No te preocupes— me dijo Evan—, nos encargaremos de esto.
— ¿De manera deportiva y honorable?— dije.
— No, obvio no— dijo Zac—, míralos, se ve que están dispuestos hasta de hacer lo imposible por ganar. No van a jugar limpio.
— Yo no veo nada— dije.
— Es porque te falta maldad— dijo Evan.
— Pero está bien— dijo Zac—, yo soy muy muy malo.

No quería que las cosas se distorcionaran de esa forma pero no pude detenerlos. Empezamos a jugar. En verdad estaban siendo muy rudos. Zac consiguió que la profesora no pudiera evitar que se le cayera el balón. Eso ya se estaba haciendo personal. Además, el balón llegaba cada vez más a mí y yo me ponía muy nervioso.

— Luz— dijo Evan—, te arrepentirás de esto.
— ¿De qué?— dijo ella con inocencia.
— Estás tratando de atacar a Jimi— dijo Evan enojado.
— Ustedes están tratando de atacar a George— dijo ella.
— ¿De verdad?— dijo George que al parecer no se había dado cuenta—, ¡Son unos niñitos muy malos!
—Estamos empatados— dijo Zac—. El último punto definirá al ganador.

Todos se pusieron en sus lugares. El ardiente sol nos estaba haciendo sudar a todos. El viento agitaba nuestros cabellos. Todos parecían muy concentrados.
Jason sacó por parte de su equipo. El balón voló. Lo observé. Hubo un intercambio de ambos equipos. Entonces, cuando parecía que la profesora iba a golpearlo, Zac saltó muy alto. La lógica decía que debía lanzarlo hacia George, que tenía posibilidad de dejarlo caer.
Pero eso no pasó. Zac no trató de sacarlo del perímetro. Él lo golpeó hacia abajo.
Y entonces pasó. El balón golpeó los pechos de la profesora. No fue un golpe fuerte pero si lo suficiente como para desatar la parte delantera de su bikini, que se ataba en su cuello.
Instintivamente, ella se llevó las manos a los tirantes del bikini. Y el balón cayó a la arena.

— ¡Noooo!— dijo George.
— Te equivocaste— dijo Zac—. Nunca tratamos de atacar a George.

Entonces entendí que eso había sido planeado desde el principio. No entendía cómo, si Zac y Evan nunca intercambiaron ninguna palabra.

— Pero... ¿Cómo?— dijo la profesora, que no podía creer que acababa de perder, mientras se ataba el bikini.
— Era algo obvio— dijo Zac—, físicamente ese bikini es frágil, está soportando mucho peso. Vimos la oportunidad y la aprovechamos.
— Eso no lo veía venir, honestamente— dijo Jason.
— Son terribles— dijo George—, no puedo creer que trataran de dejar desnuda a mi esposa.
— Sabíamos que ella no lo permitiría— dijo Evan—. Además, ustedes estaban jugando muy sucio.
— ¿En verdad?— dije.
— Todos estábamos jugando sucio— dijo Jason—. Naturalmente Jimi no lo sabe porque no conoce las reglas.
— Pues ustedes juegan más sucio que cualquier otra persona— dijo ella—, literalmente.
— Tía— dijo Zac—, tú nos obligaste a esto.

Así, de una manera terrible pero que por alguna razón nadie podía dejar de admirar aún cuando estaba muy mal, ganamos.
No se sentía como una victoria, pero Zac y Evan festejaban como si hubieran ganado las olimpiadas.

— No volveré a jugar con ustedes nunca más— dijo la profesora.
— ¿Sirve de algo si me disculpo en nombre del equipo?— dije.
— Eres muy dulce— me dijo ella—. No deberías disculparte, nosotros tratamos de destruirte.
— ¿En verdad?— dije—, no se sintió así.

Evan se acercó a nosotros mientras bailaba y repetía constantemente que había ganado.

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