163. El diario de Jimi (sin zapatos)

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Desperté esa mañana con un dolor terrible de cabeza. Cuando al fin las imágenes fueron nítidas, vi que alguien estaba acostado a mi lado. Entonces grité.

— ¿Qué, qué pasa?— dijo Zac mientras se levantaba de golpe.
— ¿Por qué estás durmiendo conmigo?— dije asustado.

Evan se levantó como si fuera un vampiro saliendo de su tumba.

— ¡Finlandia!— dijo él.

Su cama estaba justo frente a la de Zac.

— ¿Qué diablos está pasando?— dijo al verme ahí con Zac.
— Me duele todo— dije mientras me llevaba la mano a la cabeza.
— ¡Zac, qué le hiciste a mi Jimi!— dijo Evan mientras se levantaba de la cama y caminaba a nosotros.
— ¿Y tus pantalones?— le pregunté.
— Según la información que me dieron ustedes cuando los encontré deambulando en la autopista del otro lado de la ciudad, tus pantalones deben estar en este mismo instante en un avión con rumbo a algún país que no tenga leyes de extradición. Claro, siempre y cuando los zapatos de Jimi no los hayan capturado antes— dijo Zac.
— ¿Mis zapatos?— dije.
— Al parecer ellos eran unos agentes que investigaban el fraude de impuestos que hicieron los pantalones de Evan— agregó Zac.
— ¿Qué?— dijo Evan confundido.
— Eso me contaron ustedes— dijo él.

Los observé.

— La de ayer sí que fue una fiesta muy loca— dije.
— Casi no me acuerdo de nada— dijo Evan.
— Yo tampoco— dije.

Zac se levantó. Aún llevaba la ropa del día anterior.

— Por cierto— dijo—. Ambos está en problemas.

Se fue. Evan y yo nos observamos.

— Mis papás van a matarme— dije.
— No si fingimos que fuimos secuestrados— dijo él.
— No voy a mentirles.
— Jimi, le quitas lo divertido a la vida.

Se fue. Me quedé ahí un rato, sentado en la cama. Noté que Doradito estaba sobre el buró junto a la cama de Evan. Me acerqué. Tomé su pecera.

— Hola— le dije—, ¿Cómo estás? Will dijo que debían cuidar que no te estresaras... ¿Estás estresado? Porque si es así debes decirme. Mueve una aleta y te sacaré de aquí inmediatamente.

Siguió nadando alrededor de la pecera.

— Supongo que eres feliz aquí— dije un tanto decepcionado—. Evan dice que Zac se encarga de cuidarte y te ves bastante grande así que lo ha estado haciendo bien... ¿No sientes como que todo da vueltas?

Dejé a Doradito en el buró y corrí al baño. Zac estaba ahí cepillando sus dientes. Entré sin preguntar. Vomité.

— Te ves fatal— dijo—. ¿Por qué volviste a beber? Pensé que con lo de la vez pasada ya había sido suficiente alcohol para ti...

Dejé de escucharlo. Entonces recordé todo.

Evan y yo peleamos la noche de la fiesta de Jason. Él me había prohibido beber y yo me enojé porque no quería que me controlara. Sabía que no estaba haciendo eso, sólo quería cuidarme pero... era como si yo hubiera buscado problemas al propósito.

Me levanté. Le bajé a la palanca del baño. Miré a Zac.

— Las cosas no están bien— dije—. Y no sé porqué.

Él me miraba confuso.

— Porque tienes resaca— dijo él.
— Evan y yo peleamos ayer— dije—. Últimamente lo hacemos mucho. Por cualquier cosa.
— Jimi, yo también peleo con Evan, incluso más que tú. Y eso no significa que las cosas van mal— dijo.
— No se suponía que eso debería pasar— dije—. No con nosotros.
— Realmente no sé nada sobre amor y sentimientos— dijo—, pero por lo que he visto, todas las parejas pelean. Incluso mi papá y Jill. Eso no significa que van a cancelar la boda y se irán para siempre.
— ¿Entonces qué significa?— pregunté.
— No soy experto en el tema pero significa que hay algo que deben hablar.

Lo pensé.

— Entonces debo hablar con Evan— dije.
— Es eso o caer en el alcoholismo— dijo—. Cosa que ya hiciste. Te recomiendo hablar. De preferencia con Jason.
— No quiero molestar a Jason— dije—. Menos hoy, es año nuevo.
— Si le das dulces a cambio de consejos, no se molestará— dijo él—. Te lo aseguro.
— ¿Tú le intercambiabas dulces por consejos?— pregunté.
— Sí, antes lo hacía. Gracias a eso solucioné algunas cosas y Jason subió dos kilos. Pero él aún se da cuenta así que no le digas.

Imaginé que habían cosas que debíamos hablar.

Zac se fue. Me quedé meditando lo que debía hacer.

— Me voy a casa— dije cuando salí del baño.
— ¿Te vas a ir volando?— dijo Zac—, porque recuerda que enviaste a tus zapatos a una misión.
— No puedo creer que hice algo tan tonto— dije.

Evan entró.

— ¿A dónde fuiste?— le pregunté.
— Iba a desearle a los padres de Zac un feliz año pero entonces recordé que no traía pantalones y cuando me quise regresar me dieron ganas de vomitar— dijo él.
— ¿Y dónde vomitaste?— le preguntó Zac.

Evan lo observó asustado.

— Iré por mis productos de limpieza— dijo Zac.

Salió. Observé a Evan con enojo.

— Estará bien, le gusta limpiar— me dijo.
— Ya lo sé— dije.
— Pareces molesto— dijo.
— Perdí mis zapatos, obviamente estoy molesto— dije.
— También perdiste tu abrigo— dijo.
— Junto a todas mis cosas, seguramente— dije.
— Lamento eso. La buena noticia es que yo también perdí las mías. Debieron quedarse en mis pantalones. Todo menos mi teléfono.
— No es una buena noticia— dije—. Somos un desastre. Y no se suponía que eso pasaría. Deberíamos ser mejores.

Él se acercó. Me observó.

— Jimi, no deberíamos ser mejores— dijo él—. No todavía. Por eso estamos juntos. Para mejorar.
— ¿Entonces porqué sólo peleamos?
— Porque hay cosas que debemos mejorar— dijo él—. Sé que podemos hacerlo. Juntos.

Me sonrió. Nuevamente, me perdí en alguna parte de su cara.

— Tienes suerte de que te quiera mucho— le dije—. Generalmente ese tipo de comentarios no funcionarían conmigo.
— Lo sé— dijo.

Nos observamos un rato.

— ¿Qué hacemos ahora?— pregunté.
— Te llevaré a casa— dijo.
— No tengo zapatos.
— Puedo cargarte— dijo él.
— O podemos llamarle a mi papá— dije.
— Él me adora, seguramente se alegrará de verme— dijo Evan feliz.

Realmente Evan no tenía idea de que aunque le agradaba a mi padre, él era demasiado celoso como para aceptar que yo ya estaba con otra persona.

— Llamaré a tu papá— dijo Evan feliz—. Buscaré mi teléfono.

Salió de la habitación. Miré a Doradito. Me acerqué nuevamente.

— Soy un buen padre— le dije—. Así que lucharé por esto sin importar qué pase. No te preocupes, Evan y yo seguiremos juntos.

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