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Samara



Para cuando Jack llegó, Robert y Michael habían podido hablar con los chicos, los cuales podían irse sin problemas, a excepción de Uriel, quien al ser también menor, debió esperar la firma de Robert.
A pesar de todo lo que se me venía encima, en lo único que podía preocuparme era en la expresión de Aryeh.

Él no solo me ignoraba y rehuía a mi mirada, sino que lo podía ver hacer lo mismo con los demás. En más de una ocasión intente acercarme, pero opte por no hacerlo, encontraría un momento para poder hablar a solas.

—¿Cómo estas Samara? —Miré a Jack e intente sonreír, pero esta vez, simplemente no pude. —No hace falta que trates de mentirme, puedo ver que estas asustada.

—Sí, pero más me preocupa que pensaran mis padres.

—Pensaran lo mismo que yo, que tuviste mala suerte. No es común que salgas a fiestas, hubiera sido distinto si lo hubieras hecho cuando ellos estaban aquí, pero el resultado sería el mismo. Ahora, creo que no te culparan a ti, pero Logan no podrá evitar que sus celos paternos salgan a flote, ambos sabemos que culpará a Aryeh. —Sabía que eso sería lo que sucedería y no lo quería.

—Pero él no fue el culpable. Al contrario, lo único que hizo fue tratar de protegerme. Sí él no hubiera estado allí conmigo, hubiera colapsado o peor aún, estoy segura de que ahora estaría en un hospital.

—Pero fue él quien te llevo.

—Fui yo quien eligió ir, él no me obligo. ¡Por Dios, pude negarme! Pero yo quería ir. No puedo dejar que culpen de todo a Aryeh cuando no ha hecho nada, ya bastante se culpa él mismo. —volví a mirar hacía donde se encontraba, ahora lo veía negar a algo que Gael le decía.

—Es imposible que no lo haga, nos dijo que una bala casi te impacto. Si yo fuera él y mi novia casi saliera herida estando conmigo, también estaría así.

—Fue un accidente.

—Eso no importa, fue su idea salir y él te lo propuso. Ahora debe superar esta culpa solo, porque nada que le digamos será suficiente.

—No le digas a mis padres, prefiero ser yo quien hable con ellos cuando lleguen. Si se enteran antes, pasaran el viaje enojados y al llegar será aún peor.

—Yo creo que es lo contrario, tendrán el viaje para calmarse. —suspiré cansada, me sentía tan devastada.

—No lo sé, pero quiero tener la oportunidad de hablar con ellos y explicarles. No quiero que se hagan ideas equivocadas y que culpen a Aryeh, tengo la esperanza de hacerlos entender.

—¿Y con él que harás? —yo quería hablarle, pero seguía huyéndome.

—Quiero hacerle saber que no lo culpo, pero míralo— lo señale y negué—no puede ni siquiera mirarme.

—Va a ser mejor darle tiempo.

—Eso si que no, si lo hago podría creer que estoy enojada con él y claro que no. ¿Sabes qué? Ahora mismo iré a hablar con él y me escuchará así deba pedirle a Gael y a Uriel que lo sostengan.

Si él no me escuchaba no dudaría en hacerlo, porque de una manera u otra tenía que hacerle saber que no lo culpaba, que le agradecía por estar conmigo todo el tiempo.
Deje a Jack, con la palabra en la boca, ya que conociéndolo, trataría de convencerme de esperar y no quería hacerlo.

Incluso mientras caminaba hacía Aryeh, mi determinación no disminuía, sino que aumentaba.

—¿Podemos hablar? —pregunté, esperando que por fin levantará su mirada hacía mi.

—Ahora no Samy, por favor no me hagas esto, no tienes idea lo mal que me siento. Solo quise hacerte un bien y pudiste morir, es más, si no te hubieran empujado ahora esto sería peor, podrías estar en el hospital o…—volvió a quedarse callado, pero sé a lo que se refería.

—Yo no te culpo, al contrario, te agradezco que te hayas quedado conmigo. Seamos sinceros Ari, tú podías salir tranquilo, pero debiste cargar conmigo. Te retrase porque estaba asustada y aún así te quedaste.

—Nunca te dejaría. —sonreí cuando finalmente me miró. —Yo te quiero, no podría perdonarme que nada te suceda.

—Lo sé y también te quiero. —me acerqué y lo bese.

Aunque al principio se resistió, no tardo mucho en responder al beso. Por fin había logrado que en su mente terca, vea que no me iría y no lo dejaría.

—Todo fue mi culpa, pero aún así me tratas de hacer sentir mejor. ¿Sabes lo que sucederá cuando se entere tu padre?

—Prefiero bloquear las ideas que llegan a mi cabeza y creer que estará feliz por verme sana y salva.

—¿Enserio lo crees? — la verdad no, pero quizás si me lo repetía, podría suceder un milagro.

—Con mis padres todo puede suceder, pero ahora quiero que dejes de sentirte culpable, no tienes motivo para hacerlo. Por favor, mírame, estoy bien, no me paso nada y es gracias a ti.

—No volveré a ponerte pruebas, aprendí mi lección. Solo quiero que estés bien. Así que prométeme que te cuidaras. —había algo en sus palabras que me hacía sentirme triste.

—¿Por qué siento que te estas despidiendo?

—No pienses en eso, yo nunca podría dejarte. —su mirada en mi ahora era más intensa, más decida —Tú eres mía.

Hasta que aparezca tu compañera… ese pensamiento me hizo sentirme mal, pero no tenía porque hacerlo, quería ver feliz a Aryeh, ya sea conmigo o con otra persona.
Extendí mi mano y acaricie su mejilla, trataba de darle ánimos, de hacerle saber que estaría aquí para él.

—Yo tampoco podría dejarte Ari y menos por algo de lo que ninguno de los dos fuimos responsables. —lo abracé, apoyando mi cabeza en su pecho, dejándome envolver por su calor.

Tenía que hablar con mis padres y hacerlos ver que no había maldad en los actos de Aryeh. ¿Cómo podría haberlo, cuando actuaba de esta manera? No podía actuar las veinticuatro horas del día.

—Ya tortolitos salgamos de aquí, siento que en cualquier momento comenzaré a gruñir y ladrar ordenes como Benny. Diosa, no puede pasar eso. —vinó y nos tomo de las manos, comenzando a arrastrarnos. —Salgamos de aquí.

—Papá deja de exagerar—le pidió Aryeh, sin lograr nada. Sus palabras fueron recibidas por nadie.

—Fosforito esta muy preocupada y sé que los regañará, así que cuando entremos ustedes corran a esconderse, mientras yo la distraigo. ¿Están de acuerdo?

—¿Qué mierda les dices? —preguntó Jack, viniendo tras nosotros.

—No conoces a mi mujer enojada, es una fiera.

—Mejor dejemos el tema, a veces olvido que no conoces el filtro. —Jack negaba, mientras Michael seguía jalándonos hacia la puerta. —Samara, si necesitas algo, llámame.

—Gracias por sacarme Jack.

—Eso no fue nada, quería ver que se negaran.

Yo no quería verlo, ya había sido demasiado para una noche. Estaba segura de que aún no terminaba de asumir lo sucedido, pero una vez en la cama todo caería sobre mi como un balde de agua fría.

Pocas pulgas    Donde viven las historias. Descúbrelo ahora