Laurie
El camino al departamento fue básicamente un caos, sobretodo al llegar al ascensor, donde lejos de tomarnos un respiro, lo ataque trepándome sobre él. Éramos dos seres fusionándose.
Me sentía como si fuera una barra de chocolate y él fuera el sol, simplemente me quemaba, me derretía y lo peor es que me encantaba… mucho.
Sus manos apretaban con fuerza mi trasero, mientras mis manos jalaban su cabello hacia atrás, dándome un mejor acceso a su boca. Esa boca, no hacia más que darme millones de ideas, preguntas y deseos. ¿Qué más talentos escondería? ¿Quería saberlo? Por supuesto. ¿Le permitiría demostrármelo? Demonios sí, aunque aún no sabía si hoy.
Gimió, provocando un severo cosquilleo en mi zona baja, ese simple acto casi me lleva al borde. Sonreí sin soltar su labio de entre mis dientes, él sabía tan bien, a menta con whisky, era fuerte, pero delicioso.
—Me gusta que gimas por mi— murmuré, pasando mi lengua por su labio.
—Eso debería decírtelo yo.
—Tú aún no me has hecho soltar ni un pequeño gemido ¿Seguro que eres bueno?
—No he empezado Laurie, espera a que estemos seguros de que no nos interrumpirán y probare cada centímetro de tu cuerpo, una y otra vez y no te preocupes por los gritos, eres la única que podría quejarse de ello, pero estarás muy ocupada disfrutando como para hacerlo. —lo imaginaba y no podía esperar.
—Lo malo es que aún no empezaras ¿Quién demonios podría interrumpirnos a esta hora de la madrugada Beau?
—Eres una provocadora.
—Y eso a ti te encanta, lo puedo sentir. —meneé mi cadera contra la suya, sintiendo el grosor a través de sus pantalones. —Cada vez que te provoco te gusta, te vuelves loco con la idea de tener cierto control sobre mi, pero no pasará, soy como el viento Beau, nunca me controlaras.
—Y yo ahora soy fuego, me estas prendiendo fuego. ¿Sabes que sucede cuando el viento alcanza el fuego, pececito? Arrasan con todo y eso es lo que más deseo ahora. Quemarte a ti, quemarme yo y quemar todo lo que nos rodea, hasta quedar como cenizas.
—Hasta ahora son promesas Beau, tentadoras eso sí, pero quiero actos.
—Lo bueno es que ya llegamos ¿Bajaras o te llevo así?
—Bajaré. —me tome mi tiempo, bajando, rozando bien su entrepierna.
Salimos rápido fuera del ascensor y sonreí cuando Christa apareció en mi campo de visión. Bueno al menos la chica era puntual.
Pero tan rápido como noté que estaba sonriendo, la borré de mi rostro y en su lugar implanté un ceño fruncido y fulminé con la mirada a Beau.
—Dime que es una alucinación y que esta loca no esta frente a mi. ¡Demonios Beau!
—¿Qué haces aquí Christa?
—Pues es obvio, tu me invitaste. Cuando me llego la nota quede en shock porque fue romántico, pero ¿Qué hace ella aquí? No me gustan los tríos, son desordenados y debes avisar antes.
—¿Un trio? —Pregunté en shock— Lo siento pero si fuera así, deberían habérmelo dicho y yo también quiero uno, pero quiero a otro chico también.
—No seas tonta, eso sería un cuarteto.
—No lo sería, por el simple hecho de que no te conté en mi ecuación. La verdad Christa, no es personal, pero tú no me gustas. —coloqué un mechón de pelo tras mi oreja y miré a Beau. — Puedo aceptar esta locura, pero tú debes aceptar hacer un trio luego, conmigo y Taylor.
—No.
—¿Qué significa eso Beau? No puedes pedirme que haga algo así y no hacerlo tú también. —si él tan solo supiera que no había forma de que me acostara con ambos.
—Escúchame Laurie, no acostumbro a compartir, soy el único que da placer en mi cama y no te pediría que hagas algo como esto ¿Qué me crees?
—Oh entonces ¿Me retiro? Digo, por lo que veo tus planes son otros. —barrí mi mano en dirección a la chica expectante ¿Es que no notaba la tensión?
—¡Yo no la invité! —lo sabía, quién lo hizo fui yo.
—Si lo hiciste, tengo tu nota. Beau, hace mucho no nos divertimos, vamos a pasarla muy bien.
—¡Oh por Dios! Escúchame imbécil, quiero dormir, así que si follaras con esta chica, te vas a un maldito hotel. Lo único que me faltaba, siento como si me hubieran echado un maldito balde de agua fría, esto ya es decepcionante. Nunca tuve que pasar por algo así, hasta ahora. —bufé y fingí molestia, aunque por dentro estaba muriendo de ganas de reír.
—No follaré con ella, yo no la invite, esto de seguro es una jodida broma. Lo siento Christa, debes irte, no te cité aquí.
—No puedo Beau, es muy tarde y eso sería peligroso. Además ¿Desde cuando rechazas un poco de buen sexo? Puedo hacer que te relajes y te sientas muy bien.
Empecé a buscar en mi bolso la llave de mi apartamento, no sabía cuanto más podría resistir. Al momento en que la saqué, Beau miró desde mi rostro, hacía mi mano.
—Laurie espera, no es justo lo que haces, no la invite. ¿No crees que debemos terminar lo que empezamos?
—Lo siento señor King, pero no trabajo fuera de horas laborales, además no entiendo mucho de publicidad, así que no sabría como ayudarlo. Y en cuanto a la propuesta del trio, perdón, soy un poco más tradicional, me gusta de a una.
—¿Qué demonios estas diciendo? ¿Acaso terminaste de enloquecer? —eso era lo más seguro, pero la realidad es que quería dejarlo con las ganas.
Lo malo de todo este plan es que yo también lo deseaba y demasiado. Quería empujar lejos a la tonta de Christa y encerrarnos con él en su apartamento. Arrancarle la ropa, follarlo hasta que se diera cuenta que era mío y marcarlo como tal. Pero antes debía darle una lección.
Ahora, solo podía rogar que no terminará follando con ella.
—Me costo mucho ceder a mis instintos y mira lo que sucede, lo siento Beau, pero no puedo. No me acostaré contigo para compartirte con otra, ni tampoco me siento ahora muy motivada. Siento como si mi calor, hubiera sido apagado con litros de agua congelada, me siento muy, pero muy frustrada sexualmente. —murmuré, muy cerca de su oído.
—No tiene que terminar así…
—Buenas noches a ambos, por favor Beau, déjame dormir.
Entré en mi departamento y escuché tras la puerta, su conversación. Christa logró que Beau le permitiera quedarse, pero él se negó a que pasaran la noche en la misma cama.
Ya veríamos como continuaría, aún faltaba mucho para que amaneciera…
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Pocas pulgas
Manusia SerigalaLibertad... Laurie Adams había ansiado llegar a la ciudad desde pequeña. Las cortas escapadas que hacia junto a sus padres para visitar a sus abuelos, no eran suficientes para satisfacerla. Pero ahora con dieciocho años recién cumplidos y lista para...
