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En cuanto el auto se detuvo, abrí los ojos y me senté.

-¿Quieren ir bajando mientras estaciono el auto?- preguntó Thanatos.

-Está bien- dije.

Abrí el baúl y pegué un buen salto, saliendo de la piscina, transformándome en el aire y cayendo en el suelo de pie.

Cerré la puerta y abrí la que está más cerca de Napomuceno, para sacarlo de la silla y tomarlo en brazos.

Empezamos a entrar a casa y Thanatos se fue en el auto.

Ni bien cerramos la puerta, alguien tocó.

-No abras- me susurró Napomuceno, con miedo.

Alguien me abrazó por detrás por lo que di un pequeño salto.

-¿Por qué no van a ducharse?- me preguntó mi vampiro, señalando al menor.

-Está bien- dije.

Me fui al baño, escuchando como Thanatos abre la puerta.

-Tengo miedo- dijo Napomuceno, bien pegado a mi, abrazándome con fuerza.

-No te preocupes- dije, mientras lo desvisto-. ¿Quieres que me bañe contigo? Así no te da miedo.

-Por favor- dijo.

Abrí la perilla y dejé el agua en un punto tibio, como me enseñó Thanatos a pesar que el calor del agua me da igual mientras no esté caliente porque irrita mi piel y daña mis escamas.

Me metí en la tina con el pequeño en brazos.

-¿Quieres que me trasforme?- le pregunté-. Se que te gusta ver mi aleta.

-Si no es molestia- dijo y negué con la cabeza, transformándome-. Me gusta cuando haces eso.

Aún estando sentado sobre el inicio de mi aleta, abrazó la parte de mi aleta que sobresale de la bañera, acariciando mis escamas con cariño mientras lavo su cabello.

-Mar, ¿estás allí?- me llamó Thanatos desde el otro lado de la puerta y el pequeño empezó a aplicar algo de fuerza en su abrazo.

-Si- dije, mirando a la puerta.

-¿Te estás bañando?- preguntó.

-Claro- dije, divertida-. El baño es para eso, ¿verdad?

-Claro- dijo, riendo-. Disculpa las molestias.

Él se retiró y tomé en brazos al pequeño, quien está mucho más pálido y parece estar dormido.

-Hey, ¿estás bien?- dije, pecando su mejilla-. Qué rápido que te duermes.

Sonreí y lo dejé apoyado contra mi pecho mientras tallo su espalda con una esponja suave.

De golpe se levantó, separándose de mi dé repente, pegando su espalda contra mi aleta.

-¿Estás bien?- pregunté-. ¿Tuviste un mal sueño?

De un salto, me abrazó, liberando gotas rojas por los ojos.

-Te extrañé, mamá- dijo, sonriendo-. Pensé que ibas a dejar que la bruja me lleve.

-Eso nunca- dije, acariciando su espalda-. Deja que termine de limpiarte el cabello.

-Gracias- dijo, sonriendo.

Él limpió las gotas rojas que llaman "llorar" y sonrió.

Terminé de bañarlo y salimos, envolviéndonos en nuestras batas.

Lo tomé en brazos, pegándolo contra mi pecho, ya que se le ve cómodo así y salí del baño cruzándome con Thanatos y varias personas más.

-Hola- dije.

-No sabía que tenían un hijo- dijo Benjamín-. Mis felicitaciones.

-No sean maleducados, caballeros- dijo Kodran-. Dejen que la dama vaya a cambiarse.

Fui a la habitación de Napomuceno y cerré la puerta. Dejé al pequeño sentado sobre la cama y lo miré a la cara, viendo una mueca de terror absoluto.

-Tranquilo, no dejaré que te lleven- dije, acariciándole el cabello-. Ven, vamos a cambiarte.

Le pasé su ropa pero no se quiso mover.

-¿Quieres que te cambie?- pregunté y movió su cabeza negando.

Me giré de espaldas a él, para que se cambie.

-Listo- susurró.

-Iré a cambiarme- le avisé.

-¿Puedo acompañarte? No quiero estar solo- susurró.

-Ven- dije, tomándolo en brazos.

Salí de la habitación y me crucé a la mía.

Lo dejé al pequeño sobre la cama y me cambié, colocándome un vestido ya que no tengo ganas de ir cambiándome tanto.

Escuché la puerta cerrarse y Napomuceno suspiró.

-¿Quieres que vayamos a comer algo?- pregunté y asintió.

Lo volví a tomar en brazos y bajamos las escaleras, viendo como en la sala aún se encuentran nuestros invitados.

-Lamentamos lo de recién- dijeron los hermanos y los miré confundida.

-No es de buena educación ver a una dama recién salida del baño, pedimos disculpas- dijo Isodoro.

-No hay problema- dije, con una pequeña sonrisa.

-Ya dejé algo preparado para ustedes; lo dejé en nuestra habitación- me dijo Thanatos, sentado en frente a los príncipes y reyes vampiros-. Lo iba a dejar en la isla, pero supuse que tendrían sueño luego de tanta diversión de ayer.

-Gracias- dije.

-Ahora en un rato te alcanzo- me dijo, sonriendo.

-Buenas noches- dije, retirándome de allí.

-¿Tienen una isla propia? Que maravilloso- dijo Juana.

-En realidad solo es una habitación- dijo Thanatos, mientras yo me dirijo junto al pequeño a dichosa habitación-. Pero la decoré de la manera que parece el interior de un volcán, escenario que aparece en una serie de televisión que vi con Mar cuando vino por primera vez a la tierra.

En cuanto cerré la puerta, ya no escuché su voz.

-Tranquilo- dije, acariciando su cabello-. No pienso dejar que nadie te lleve de aquí.

Agarré su mamadera y se la di, acariciándole el cabello, a la vez que tarareo una canción. En cuanto terminó de beber la mezcla de leche y sangre, empecé a cantarle una canción de cuna.

Una vez que se durmió, tomé mi bebida y me acosté a su lado, abrazándole.

-Buenas noches- susurré, antes de dormirme.

La Sirena Terrestre.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora