147 | Presentimiento

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Ya estaban a solo tres días de volver a La Toscana, a tres días de que su 'luna de miel' acabara.

Se encontraban a la orilla de la playa, tirados en la arena, la rubia en su pecho dejando caricias en él, mientras él besaba su cabeza.

- ¿Hablaste con las niñas o con mi madre hoy? -preguntó Jughead. - No me ha escrito ni llamado...

- Ni a mí. -admitió. - Pásame mi móvil y la llamo.

El lo hizo y la rubia marcó el número de su suegra, y la llamada fue respondida solo segundos despues.

- Mami. -era la voz de Valerie.

- Hola pequeña. -Betty sonrió. - ¿Como estás?

- Bien, mami. ¿Y ustedes? Los extrañamos.

- Ya solo faltan tres días, mi amor. -sonrió. - ¿Y tus hermanos?

- Ellos están jugando en el patio, yo estaba con ellos, pero vine por agua.

- ¿Y tu abuela?

- Ella está arriba con mi abuelo. -informó. - El no se sentía bien.

Betty frunció el ceño. - ¿Que tiene?

- No sé, mami. Mi abuela dice que no es nada grave, pero no ha salido de la habitación en días, y ayer vino un señor alto con una bata de doctor.

La rubia tragó en seco. - ¿P-puedes pasarme con tu abuela?

- Mami es que está con mi abuelo, no quiero molestarlos.

- Bueno, no importa, mi niña. -le quitó importancia. - Ve con tus hermanos, y llámame si pasa algo, ¿Si? Te amo.

- Ok mami, te amo.

La rubia cortó la llamada y Jughead enarcó una ceja al notar el silencio y la cara neutral de su esposa.

- ¿Pasa algo, amor? -cuestionó.

- Val dice que tu padre no se siente bien. -lo miró. - Y que ayer fue un médico a la casa.

- Mamá me comentó algo, pero me dijo que solamente era algo viral, que se le pasará en días. -dijo con tranquilidad.

- No lo sé, Jug...

- Val es inocente para saber lo que pasa, nena. -Jughead dejó un beso en su frente. - Quédate tranquila.

Ella asintió poco convencida y se quedó sobre el pecho de su esposo de nuevo.

Pero lo cierto es que su mente no dejó de pensar en el tema en un buen rato, y es que el mal presentimiento que tenía y la presión en su pecho era algo que no se iba.

- Amor. -cuando llegaron a la casa, Jughead se acercó a su esposa por detrás y masajeó sus hombros. - Estás muy tensa desde que estábamos en la playa... ¿Que pasa?

- Nada, Juggie. -ella mintió y se volteó a él para sonreírle. - Tengo hambre, ¿Vamos a comer algo?

- Claro. -el asintió un poco incrédulo ante su respuesta. - ¿Que quieres?

- Algo rico. -rió.

Por otro lado, Gladys estaba junto a su esposo, el cual estaba en la cama recostado.

- Ya debemos decirles... -la castaña admitió. - Esto se me fue de las manos, las niñas me han preguntado porqué no sales de aquí.

- Por ahora no. -Fp negó. - Déjalos disfrutar.

- Fp, tenemos a tres niños con nosotros, los cuáles cuido yo sola y no puedo encargarme de ellos, y de ti al mismo tiempo. Estás enfermo.

- Voy a mejorar, amore mio. -le sonrió levemente, tomando su mano.

Los ojos de Gladys se cristalizaron al escucharlo decirle así, como lo hizo desde que eran jóvenes.

- Y no dudo de eso. -ella admitió. - Pero por ahora, debo encargarme de ti. Y la verdad no quiero interrumpir el viaje de los chicos, pero es necesario.

El suspiró. - Nunca logro hacerte cambiar de opinión, eres muy terca. -se quejó algo divertido.

Ella sonrió y se inclinó dejando un beso en su mejilla. - Llamaré a Jug.

Salió de la habitación y bajó hasta la cocina donde había dajado su teléfono, fue a sus contactos y marcó el número de su hijo.

- Hola, mamá. -Jughead respondió alegre la llamada.

Gladys tragó en seco. - Hijo... Necesito hablar contigo. -murmuró seria, viendo a través de la ventana a sus nietas jugar.




























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Ballerinas | Bughead | +18Donde viven las historias. Descúbrelo ahora