Capitulo 15 (Dul)

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Taca-taca, taca-taca.... ese era el incesante sonido que sentía a mi lado todo el tiempo, méndigas muletas... ¿por qué no las insonorizan, como las puertas? Siempre me había parecido que la playa estaba cerca de mi casa. ¡ERROR! En ese momento entendí la frase "todo es relativo", cuando tienes tus dos patas todo está chido, pero cuando te tienes que valer de una de las tuyas y dos de madera... mal asunto, neta compadezco a Pinocho, ese niño tenía que usar las de madera todo el tiempo, ¡menudo sufrimiento! Alcé la vista y vi que el mar azul todavía estaba dolorosamente lejano... tenía calambres en la pierna y me dolían las manos de las muletas, estuve a un segundo de mandar todo a la fregada y apoyar el pie, cosa que me había prohibido expresamente el doctor, pues me había dado varios puntos de sutura, pero mi sentido común, que rara vez hacía acto de presencia, me lo impidió.

Resoplé frustrada y luego de recuperar vagamente el aliento, proseguí la marcha. Ok, estaba de acuerdo con que me había pasado y que merecía un castigo por haberme puesto como una energúmena con Poncho, pero ¿esto no era pasarse? Es que nadie puede tener tan mala suerte caray, cuando retomé la marcha apoyé la muleta en donde algún marrano había dejado tirada una bolsa de plástico, resbalé y mi trasero fue a parar junto a su amigo el piso, del que últimamente no se separaba mucho. Me quedé allí sentada, asimilando mi tonta caída, y cuando al fin lo había hecho, me puse a gritar todas las barbaridades que se me pasaron por la cabeza lo que, en mi caso, pueden llegar a ser sorprendentes. Pero ya dicen que no hay mal que por bien no venga, y en ese momento mi suerte empezó a cambiar.


- ¡DUL! – me llamó alguien, a quien reconocí al medio segundo, pues me había criado con esa voz, para mi era inconfundible.


Poncho me estaba llamando, pero ¿para qué? ¿se le habría pasado ya el enojo? No me pareció que se oyese enojado, pero era una de esas personas que todo se lo guardan, a lo mejor estaba que echaba humo... ¿Y si era precisamente eso?¿Y si estaba tan enojado conmigo que venía a decirme que hasta allí había llegado nuestra amistad? Dirán que soy exagerada, pero es que eso se me pegó de Poncho, que de pronto es así como medio melodramático... en cualquier caso se me aceleró el corazón de una forma que pensé que acabaría por segunda vez en ese día en el hospital, pero por un infarto. Poncho era mi mejor amigo, era la persona que mejor me conocía, a la que podía contarle todos mis problemas y en la que podía confiar ciegamente, era mi Maite masculino, ¿qué iba hacer si había decidido que se había cansado de los berrinches de una escuincla? Estoy segura de que no podría soportarlo.


- ¡DUL! – insistió Poncho y oí la voz mucho más cercana, por lo que supuse que se estaba acercando y que rápidamente me encontraría, no tenía caso intentar ocultarme, con la pierna así...


Bien, tenía dos opciones. Correr, algo nada viable en mi estado, o responderle y oír como daba por finalizada nuestra amistad, para lo cual yo estaba en la posición perfecta, tirada en el piso, así no me sería difícil arrastrarme para rogarle... si cuando dicen que todo en esta vida pasa por algo...


- ¡Aquí estoy! – grité con un tono que todavía no se consideraba contaminación acústica


Poncho llegó en medio minuto, corriendo, con expresión ansiosa y eso me dolió. ¡Si que tenía ganas de deshacerse de mi! Está bien, que se acabara todo cuanto antes, a lo mejor la señora Valente se compraba un Doberman y acababa el trabajo del perro chiquito.


- ¿Que haces ahí? – me preguntó sorprendido al ver el estado deplorable en el que me encontraba

Un Verano para RecordarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora