DUL
Me las apañé para sacar el celular del bolsillo de la chamarra de Derrick, mientras él cruzaba la puerta trasera del Tequila. Faltaban dos minutos para las dos. En honor a la verdad, aquella no era la forma idónea de viajar, pero por lo menos habíamos llegado a tiempo. Supongo que es una de las ventajas de medir más de un metro ochenta, llegar a tiempo a los sitios. Esa habría sido una buena excusa para explicar porque siempre llegaba tarde a clase a primera hora ¿por qué no se me habría ocurrido antes?
Me sentí un poco decepcionada al no ver a Ucker todavía tirado allá fuera. No es que yo fuera una máquina de matar, pero me hubiera gustado ver que mis golpes habían tenido más efecto.
- Fin del trayecto – anunció Derrick, poniendo las manos en mi cadera para bajarme.
Una vez en tierra firme, me faltó realmente poco para caerme de bruces. Entre la mala postura y los movimientos al caminar, en ese momento tenía tanta estabilidad como si me hubiera bebido todas las botellas del Tequila yo sola. Cerré los ojos y intenté apoyarme en algo, tratando de obviar el hecho de que todo giraba vertiginosamente a mi alrededor. Ese algo que me sirvió de apoyo fue Derrick, a falta de nada mejor. Mantuvo las manos en mis caderas mientras yo llevaba las mías a sus hombros. Ni siquiera el hecho de estar medio grogui me impidió notar lo fibroso que estaba el muchacho. No era demasiado musculoso, pero tampoco era blandito como Giovanni. No estaba nada mal.
- ¿No irás a vomitar, verdad? - preguntó, y aunque no lo estaba viendo, podía adivinar su sonrisa maliciosa, solo por el tono.
- De ser así te lo merecerías – repliqué, autoevaluándome. No tenía el estómago demasiado revuelto, solo me daba vueltas la cabeza, así que tendría suerte.
- Al fin guey, tengo media hora... - y la voz de Diego se interrumpió abruptamente.
Ni siquiera me hizo falta abrir los ojos para saber que cara estaba poniendo. Sería la misma cara de incredulidad que pondría de haber visto un alien preparándole una enchilada. Aun así, lo miré. Efectivamente, nos miraba con los ojos alarmantemente abiertos, como si de una caricatura se tratase.
- Ahora vamos – respondió Derrick sin soltarme.
- Ok – asintió Diego, mirándonos... ¿divertido? ¿Qué tenía de divertido que estuviera muriéndome?
Se dio la vuelta y se alejó muy apurado. Me quedé mirando como se perdía entre la gente, y pensé que Derrick estaba haciendo lo mismo. Pero no. Tan pronto volteé hacia él, lo caché mirándome de una forma muy extraña. Luego me percaté de que seguía agarrándome a él, y que él tampoco me había soltado. Fui incómodamente consciente de nuestra proximidad, y decidí poner tierra de por medio, echándome hacia atrás y soltándole. Quise obviar el hecho de que era la segunda vez en la noche que yo rompía el contacto ¿Por qué él no me soltaba? Carraspeé nerviosamente mientras el llevaba sus manos de mi vestido a los bolsillos de nuevo.
- ¿Mejor?
- Este ... si, gracias – respondí con la voz estrangulada.
- Entonces vamos – agregó con brusquedad.
No hizo falta que me insistiera para que saliera de aquella extraña situación. Estaba siendo una noche demasiado rara, la verdad. Lo único que deseaba era despertarme al día siguiente y que todo fuera como había sido siempre; Aarón un coscolino sin vida oculta, Derrick un tarado sin sentimientos y Poncho mi ardillo sin novia que me opacara. ¿Era mucho pedir?
Derrick caminaba detrás de mi y me guiaba colocando su mano en mi codo. Se lo agradecí, todavía percibía extrañas ondulaciones en el ambiente. Localicé a mis amigos en el medio del bar. Aarón pasaba una mano por la cintura de Annie y ella se aferraba a él, sonriéndole. Sentí una punzada de culpabilidad, al saber la situación real de su relación. Annie se aferraba a algo que no existía. Diego parloteaba alegremente con Hugo, quien estaba sonriendo. Por eso me gustaba Hugo, siempre estaba sonriendo. Maite estaba hablando animadamente con Ximena... ¡stop! ¿Acabo de decir que Mai, mi Mai, mi mejor amiga, casi mi hermana, estaba hablando con mi archienemiga Ximena? Estuve a cero coma dos segundos de gritar de indignación, pero me contuve a tiempo. Ya arreglaría cuentas con ella más tarde, en algún momento en el que no estuviese clavándome un cuchillo en la espalda o besuqueándose con Diego. Karla también estaba allí, sujetando a Poncho como si temiera que fuera a caerse, mientras él le decía algo a Aarón. O tenía una novia muy liberal o de plano le valía lo que Poncho hiciera, porque si fuera mi novio el que tuviera una golfa colgada del brazo, los habría molido a los dos a golpes tal y como había hecho con Ucker. En fin, supongo que no todo el mundo es tan agresivo como yo.
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Un Verano para Recordar
RomansaEsta historia es una de las mejores que he leído, y me he leído muchiiiisimas.. La escribió una chica de España que se llama Miri (en el Foro de Univisión su usuario era chukypollito) y es simplemente hermosa, cuenta la historia de amor de Dulce y P...
