Capítulo 80 "¡Quítale las zarpas de encima a mi hermana!"

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DUL



Miré mi celular de nuevo, de manera compulsiva. Nada. Ni rastro de la llamada que Mai debería estar haciendo. Entiendo que quisiera estar con su recién estrenado novio, pero eso era pasarse. Yo nunca había tenido tantas ganas de estar con un guey como para desconectar así del planeta Tierra.

La cosa era que le había mandado un mensaje, a falta de dinero para llamarle, explicándole todo lo que pude con 160 caracteres, que tenía que ir a buscar a Loli pero que le había dicho a Poncho que estaba con ella, y que me solapara, ya que era muy posible que le marcara para asegurarse de que le estaba diciendo la verdad. ¿Ya ven? Me trataba como si fuera una adolescente taruga.

Me guardé el celular en el bra, cual ñora con su lana, y resoplé al escuchar unas risas. Casi me podía imaginar de quien eran, y el estado en el que se encontraba dicha persona. Con cara de resignación, me adentré en el jardín de una pequeña casa abandonada que había en la calle en la que vivía Bobby. Tan centrada estaba en encontrar a Loli, que ni siquiera recordaba el repelús que me daba esa casa.

Allí estaba, tirada en el pasto, carcajeándose de manera descontrolada. Por lo menos era una borracha feliz. No habría sido muy agradable llevársela a casa llorando como una magdalena por su amado Eric o algo parecido.

Con ella se encontraban Estela y Bobby. Les dediqué una sonrisa cansada, mientras me acuclillaba frente a Loli.

- ¡Loli! - la llamé, tratando de hacerme escuchar entre sus risas.

- ¡DUL! - exclamó abriendo mucho los ojos al verme. Cualquiera diría que era una niña de cinco años que había visto a Santa Claus -. ¡QUE CHIDO QUE ESTÁS AQUÍ!

- Si, y estaría más chido si le bajaras unos cuantos decibelios a tu voz – le dije cubriéndome una oreja con la mano.

- ¿QUÉ? - preguntó, sin hacerme el más mínimo caso.

- Déjalo, es igual... - bufé parándome, mientras ella empezaba a reírse de nuevo.

- Gracias por venir – murmuró Estela, bajando la vista, supongo que avergonzada.

- Si, si, las gracias a tu abuelita escuincla ¿Me puedes decir donde fregados se puso así? - la regañé, mientras su hermano la miraba también con reproche.

- Para hacerte corta la cosa, las señoritas hicieron su propia fiesta privada al ver que en la nuestra no se podían colar – me informó Bobby con crispación, desplazando su vista hacia mí.

- ¿Qué? - repliqué, incrédula.

- Es que... Loli recordó que tu le habías contado algo sobre un reventón que hicieron y... pues... los papás de Eric no estaban y él sabía donde guardaban las botellas... - farfulló Estela.

- Ok, ahórrate los detalles – le pedí, ahora yo algo avergonzada ¿para que fregados le contaré mis batallitas?

- ¡FIESTAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA! - gritó Loli alzando las manos y luego continuó riéndose.

- Y esta se bebió hasta la pecera, por lo visto – comentó Bobby mirando a Loli con una ceja enarcada.

- Eso parece – suspiré masajeándome ambas sienes con los dedos índices, mientras cerraba los ojos momentáneamente.

- Perdón – lloriqueó Estela.

- Niña, vete a casa con cuidado de que no se enteren mis papás, ya arreglaremos cuentas mañana tu y yo – le ordenó Bobby, con un tono autoritario que jamás habría imaginado de él. Quizás todos los hermanos mayores lo tenían, era un instinto.

Un Verano para RecordarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora