Capítulo 122 "Que lo decida ella"

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Tequila. Ningún cliente. Once de la noche. Si, podría haberse tratado del apocalipsis, porque que el Tequila estuviera vacío a esas horas era algo tan frecuente como que Chris se mostrara humilde. Hablando de Chris, tenía un par de días sin verlo. Supuse que estaría dándole a la buena vida con alguna de sus golfas con morritos de silicona. Mientras tanto mi vida no era tan buena, como de costumbre. Me había tocado cerrar el bar y por lo visto ese había sido el día de "tiremos toda la porquería al piso". Mientras blandía la escoba con todo el mal genio que pude, escuchaba el tintineo de los vasos que Derrick estaba lavando. Si, Derrick, lo sé. Tengo que admitir que había pensado que la situación sería más incómoda, pero él se comportaba como si nunca hubiera existido la conversación de esa mañana y yo tampoco quería sacar el tema, así que los dos contentos.

El día después de tan trascendental conversación había sido más o menos normal. Luego de deambular por ahí durante un rato, me fui a comer. Di gracias a Dios porque a Ximena se le hubieran pasado las ganas de reírse a nuestra costa, sin embargo ahora era Loli la que parecía olerse algo, ¿le habría contado Ximena? Ni quien la entendiera, al principio la odiaba y ahora parecía querer ser la presidenta de su club de fans. Adolescentes... Como sea, el caso es que decidí que era mucho más seguro pasar la tarde alejada de la casa, y cuando digo casa quiero decir Poncho. Así que me la pasé con Giovanni jugando con su Playstation (no era muy buena con los juegos de coches, pero en el de futbol le gané como tres partidos seguidos). Y de ahí me fui a chambear. Como digo, día tranquilo. Al fin, lo que menos necesitaba eran pleitos, todavía se me aceleraba el corazón al recordar como la noche anterior había estado a punto de acabar en el hospital si esos dos se hubieran puesto en plan macho dominante. Si las miradas mataran...

Y, por supuesto, tratándose de mi, la paz no podía durar demasiado.

Todo comenzó con un inocente comentario de Derrick.

- Parece que el deporte rey de esta semana es el lanzamiento de servilletas al piso, ¿no? - bromeó, echando una mirada significativa al piso en cuestión.

- Y que lo digas... - bufé. En serio, la gente debería pensar más en los pobres meseros cuando van a los bares.

Decidí ir en busca de algo para rascar el suelo y despegar un chicle que parecía estar allí desde alguna de las Guerras Mundiales. Justo cuando estaba en el almacén tratando de recordar donde había dejado un cepillo que tenía para esos casos, sentí como alguien abría la puerta. Un estremecimiento recorrió mi espina dorsal, algo totalmente ilógico e irracional, no era como aquella vez con Óscar, que estaba yo sola. Hoy estaba Derrick, pero aun con eso no podía dejar de sentir un nudo en el estómago cuando escuchaba la puerta del bar a esas horas.

Aun sin encontrar el cepillo, salí del almacén, con curiosidad por saber quien sería el visitante. Ay si me hubiera quedado encerrada en el almacén, cuantos problemas me hubiera ahorrado...

Poncho estaba entrando, con la mirada fija en Derrick, y no era una mirada nada amistosa, era más bien del tipo de <<si dependiera de mis ojos estarías enterrado a cinco metros bajo el suelo>>. Cuando eché un breve vistazo a Derrick, comprobé que la suya no era mucho mejor. Y la verdad me sorprendió que dentro del Tequila hubiera espacio para nosotros tres y tooooda su testosterona.

- Hola – me saludó con voz queda. Parecía ligeramente cohibido.

- Hola. ¿Qué haces aquí? - le pregunté sorprendida. Era la persona a la que menos esperaba ver, en caso de que hubiera esperado alguna visita nocturna.

- Buena pregunta. ¿No has visto la puerta cerrada? ¿Y eso no te ha dado ninguna pista sobre a que lado de ella deberías estar tú? - lo atacó Derrick. Puse los ojos en blanco. Estaba claro que esos dos se comportaran de forma civilizada estaba bien complicado.

Un Verano para RecordarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora