Era cerca de la una cuando estacioné mi moto frente a la casa de Dul. Teníamos la intención de regresar justo después de cenar y, como dicen que la intención es lo que cuenta, no pasa nada, ¿no? El caso es que la llegada repentina y sobre todo estelar de Chris hizo que nuestros planes se modificasen inesperadamente, por lo que nos quedamos horas platicando en la playa, hasta que no encontré ningún palito con el que mantener abiertos los ojos de Dul, quien aun así insistía en no marcharse.
Finalmente, logré convencerla de que Chris no se evaporaría por la noche y teniendo que soportar sus murmuraciones de desaprobación contra mi espalda, conseguí llevármela a su casa. Me bajé de la moto y la agarré para ayudarla a bajar, cuando noté que hacía un gesto de dolor al apoyar el pie vendado.
¿Te molesta? - me preocupé.
Un poco – admitió a su pesar.
Mañana temprano vamos a ver a Antonio para que te revise y luego le dices a Aarón que no podrás trabajar en unos días – decidí ejerciendo como la persona madura que era.
¡Ni hablar! – se negó indignada.
No era una pregunta, está claro que con el pie mal no puedes trabajar, eres mesera no oficinista, tienes que andar de acá para allá todo el tiempo – traté de hacerla en razón.
Pero Poncho, entiéndeme, no puedo permitirme el lujo de dejar de trabajar unos días – replicó ella con cierta angustia.
Ardilla, entiéndeme tú a mi, tu salud es lo primero... pero si tanto te preocupa el trabajo yo y Mai podemos turnarnos para sustituirte en lo que te recuperas – le propuse a la desesperada. Igual y había hablado demasiado pronto al ofrecerme también por Mai, pero en el fondo sabía que sería capaz de negarse, si es que no lo proponía ella.
Además, imagínate lo que va a pensar Aarón y sobre todo su papá, ¿o sea que dispuestísima para ir a la playa pero muy enferma para trabajar? - bajé la cabeza entendiendo a lo que se refería, sin evitar sentirme culpable, el pie se le había puesto peor por andar todo el día en la playa, idea de míster Poncho... ojalá lo hubiera pospuesto.
Lo siento – suspiré. Dios ¿por qué todo lo hago mal?
No, no, Poncho – dijo rápidamente tomando mi rostro entre sus manos – no lo dije para que te sintieras mal, no sabes como te agradezco el día de hoy, fue increíble, si para disfrutar así con mis amigos es preciso que se me gangrene un pie lo asumo con gusto – torcí el gesto. La gangrena no era algo divertido – Poncho, neta no te sientas mal porque no tienes motivos... ¿me prometes que no te vas a malviajar?
Lo intentaré – repuse mientras agarraba sus manitos con las mías.
Y gracias por preocuparte, pero tu y Mai están de vacaciones y no es necesario que las malgasten por mi culpa, ya me las apañaré, si Barba Roja podía manejar un barco con una pata de palo no veo porque yo no podré llevar la charola – trató de tranquilizarme, pero mi instinto protector, fraternal o no, no me permitía estar tranquilo.
¿Por lo menos me dejarás llevarte al doctor? - pregunté como último recurso.
Está bien – accedió pero sin estar muy de acuerdo.
Gracias – le dije con cierta frustración. Entendía que en su casa necesitaban la lana que ella aportaba con su trabajo, pero no era posible que las cosas estuvieran tan mal como para que antepusiera a ello su salud. ¿Cómo le iba hacer el próximo año, cuando estuviera en la Universidad? Si había mucha gente que trabajaba y estudiaba a la vez, pero era realmente complicado.
Uy me huele mal... - musitó Dul soltando mis manos.
¿Qué? - pregunté confundido.
Te quedaste callado mucho tiempo, eso nunca es bueno – contestó ella mirándome con curiosidad.
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Un Verano para Recordar
RomansaEsta historia es una de las mejores que he leído, y me he leído muchiiiisimas.. La escribió una chica de España que se llama Miri (en el Foro de Univisión su usuario era chukypollito) y es simplemente hermosa, cuenta la historia de amor de Dulce y P...
