Capítulo 192 "La playa"

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Dulce



Un rato después, ya en mi casa, todavía me agobiaba la sensación de impotencia de tener a Aarón sollozando en mi hombro, sin poder hacer nada más que darle unas palmaditas en la espalda, luchando contra el instinto de apartarlo de mí, de apartar a cualquiera del sexo masculino de mí. Daba gracias de su estado de embriaguez, de lo contrario hubiera sospechado de mi reacción desmesurada, es decir, me había besado en contra de mi voluntad y estaba mal, pero la mayoría de las chicas lo hubieran solventado con un certero puñetazo en la nariz y dos gritos bien dichos, no gimoteando y huyendo como una perrilla herida. Sentí un nuevo escalofrío y me ajusté la chaqueta que me había puesto sobre los hombros.

Estaba sentada sobre el escalón que daba a la puerta principal de mi casa. Era de madrugada, mi maleta estaba sin hacer y mi habitación parecía el resultado del vómito de un agujero negro, pero no encontré la voluntad para subir y arreglarlo todo. Apenas llegué agarré la primera chaqueta que había en el perchero y salí de nuevo. Tenía la sensación de ahogarme entre esas cuatro paredes, sin embargo tampoco sentía que pudiera respirar bien del todo allí fuera, al aire libre. No era por el incidente del beso, al menos no solo por eso. La repulsión era algo con lo que había aprendido a lidiar, las primeras semanas después de lo de Óscar prácticamente saltaba ante cualquier contacto, inesperado o no. Con el tiempo empecé a controlarlo, como una especie de fobia con la que uno tiene que convivir. Había mejorado mucho, está claro porque si no no podría haber llegado nunca a un mísero beso con un chico, sin embargo después de episodios como estos, cada vez tenía más claro que era algo con lo que tendría que contar siempre, que en cualquier momento una situación se saldría de mi control y me instinto me recordaría lo que había ocurrido la última vez que eso había pasado. Pero podía hacerlo.

No, sin duda lo peor era la culpa, ese sentimiento sí que era imposible de digerir. Qué fácil había sido hacer un pobre intento de acercarnos a él y luego dejarle con la excusa de que necesitaba espacio... ¡y nosotros a lo nuestro! Me sentía como la persona más egoísta, rastrera y miserable del mundo. Quizás lo era. Recordaba como Giovanni había insistido en que lo separásemos de Annie, que acabaría mal... y cómo lo habíamos ignorado. ¿Quién podía sospechar que él sería el más sabio de todos? De ese momento en adelante, siempre le haría caso, o al menos lo tendría en cuenta.

Hundí la cabeza entre mis rodillas, preguntándome que estaría pasando en ese momento. ¿Habrían llevado a Aarón finalmente a su casa o habrían decidido llevarle a otro lado? Cuando Diego llegó, acompañado de Derrick, no sabíamos muy bien qué hacer con él. Hablaron de dejarlo en casa de Derrick, puesto que sus padres no le prestarían demasiada atención. Durante el tiempo que estuvieron allí, evité la mirada de Derrick, pues sabía bien que pasaba por su cabeza en ese momento y era un episodio que no quería recordar. Supongo que lo más lógico hubiera sido que llamara a Poncho, pero era incapaz. Sabía que si hubiera acudido, me habría abrazado, habría intentado consolarme... porque así era él, siempre cuidando de mí. Y no lo hubiera soportado, en ese instante la mera posibilidad de un hombre abrazándome me agobiaba hasta límites insospechados. Por eso ellos eran perfectos. Diego me dio una ligera palmada en un hombro, soportable aunque no agradable, y Derrick no era dado a muestras de afecto de ese estilo. Bien, Derrick no era dado a muestras de afecto en general, y menos en la situación tan tensa en la que estábamos, así que no corría peligro. Regresé con ellos en coche y no nos detuvimos en la playa, por lo que sabía Mai estaba con Annie en su casa y Diego ya le había avisado de que Aarón había aparecido. Mejor, no quería hablar con ella, notaría algo mal más allá del estado lamentable de Aarón.

Así que allí estaba, tratando de no ahogarme en mi miseria. Y como siempre, Poncho llegó para sacarme la cabeza del agua justo a tiempo.

- ¿Dul? – preguntó, surgiendo entre las mil plantas que tenía Elena en el jardín.

Un Verano para RecordarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora