Dulce
Todavía resonaba en mi cabeza la última canción, y dudaba que pudiera quitármela de encima en unos días. No es que fuera de mis canciones preferidas ni mucho menos, pero era el tipo de canción diseñado especialmente para que la tararees mientras trabajas, sin darte cuenta de que lo estás haciendo. Por suerte yo no lo hacía en ese momento, o Poncho me hubiera matado con sus propias manos. Bastante había pasado el pobre durante su momento karaoke. Incluso lo había dejado pagar sin rechistar demasiado, a pesar de lo que me fastidiaba que lo hiciera. Todo en acto de buena fe.
En ese momento estábamos entrando en el pueblo, y agarré mi celular para marcarle a Maite, con quien me quedaba a dormir después de nuestra teórica noche de marcha en busca de hombres. Me contestó al segundo pitido, por lo que supuse que no estaba con Diego.
- ¿Dul?
- ¿Quien si no? - repliqué, sorprendida.
- Es cierto, a estas horas poca gente – concedió con la voz somnolienta. Miré la hora en mi reloj, apenas eran la una, tampoco era tan tarde.
- ¿Dónde estás?
- En el coche de Diego, llegando a mi casa después de un dinero muy mal empleado en el cine – suspiró. Escuché a Diego de fondo quejarse sobre el poco gusto femenino en cuanto a películas.
- ¿Puedes hacer algo de tiempo? Así entramos juntas en tu casa y me ahorro escalar por el manzano, que por lo que recuerdo tiene las ramas un poco frágiles – la última vez que llegamos tan tarde y nos olvidamos la llave entré por ahí, porque ella no se atrevía y alguien tenía que abrir desde dentro, y por poco me parto la crisma. Si, ya sé, con la fácil que hubiera sido llamarles a sus padres para que abrieran, pero eran las cuatro de la mañana y teníamos conciencia.
- Está bien, ¿cuanto les falta?
- En diez minutos estamos ahí – miré el cuentakilómetros -, o veinte, es que maneja como una abuela – añadí, mirando al aludido. Alzó las cejas con desdén.
- Ok, te espero debajo del manzano – me confirmó. Me despedí, pero creo que no me escuchaba. Sospechaba que se había quedado dormida, quizás su cerebro no había aguantado la saturación de superhéroes.
Guardé mi celular en la bolsa mientras echaba un discreto vistazo hacia fuera. Todavía no habíamos llegado al pueblo, estábamos atravesando la oscura y solitaria carretera en la que se encontraba el desvío hacia Kessel. Pasé saliva pero controlé mi expresión, consciente de que Poncho analizaba cada uno de mis movimientos, esperando algún brote psicótico postraumático o algo así.
- Gracias – le dije de pronto.
- ¿Por acelerar? No sabía que tenías tantas ganas de llegar – fingió sorprenderse. Le lancé una mirada torva.
- Obviamente no es por eso, aunque dicho sea de paso, se agradece, que un caracol te adelante nunca es agradable – me burlé. Ahora fue él quien me miró mal -. Pero me refería a la noche de hoy – añadí, más seria.
- No fue exactamente como había planeado, pero no dirás que no fue original.
- Y a ti te cacharon por primera vez en una situación comprometida ... de nada por introducirte en el mundo de la depravación, por cierto.
- Gracias – bufó, enrojeciendo ligeramente.
- Sin embargo estuvo muy bien. Me lo he pasado muy bien, de verdad – insistí. No quería que pensara que no apreciaba su esfuerzo de buscar un sitio que me gustara, aun arriesgándose a acabar haciendo el ridículo en un karaoke.
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Un Verano para Recordar
RomantikEsta historia es una de las mejores que he leído, y me he leído muchiiiisimas.. La escribió una chica de España que se llama Miri (en el Foro de Univisión su usuario era chukypollito) y es simplemente hermosa, cuenta la historia de amor de Dulce y P...
