Kessel. Su verdadero nombre era Hexenkessel, pero todo el mundo había decidido resumir. Contaba la historia que había sido fundado por una familia alemana, quienes habían sacado el nombre del clima. Kessel estaba situado en una zona especialmente calurosa, por lo que habían decidido llamarle "Infierno", traducción literal del nombre del pueblo. Luego, con el paso del tiempo, la palabra infierno había adquirido otra connotación. Kessel ya no era el pueblecito apacible que había sido a principios del siglo pasado, ahora era un lugar en el que la desesperación, la miseria y el dolor eran tan abrumadores que incluso costaba respirar.
Derrick estacionó frente a un antro con un cartel que decía "Nocturno". Muy original, si. Dicho cartel estaba medio caído, y de las luces de neón, solo una décima parte había permanecido entera, lo cual no quería decir que se encendieran. Al igual que las farolas de por allí, las cuales estaban encendidas en una proporción 1/10. Pasando saliva, me atreví a echar una ojeada más allá. Las calles eran como sacadas de una película de género Western, solo faltaba la bola de hierba seca rodando. Estaban totalmente desiertas y destartaladas. Claro, si no contábamos la basura y las ... jeringas, que había tiradas. Vaya, mis sandalias eran totalmente apropiadas para aquel ambiente ¿eh?
- Estamos a tiempo de regresar – me recordó Derrick, desabrochando su cinturón. Si que era transparente yo.
- No – acompañé mi negativa de voz con una negativa de cabeza.
- No sé porque me da que esto no es más que otra travesura de las tuyas.
- ¿Qué?
- El Herrera me dice que no me acerque a ti porque no quiere que te veas envuelta en este ambiente, y tu te metes de cabeza aquí, ¿casualidad?
- Puritita casualidad – sonreí con aire inocente.
- Algún día se va a enojar en serio – me previno, abriendo la puerta de su lado.
- ¿Por qué no puedes creer que lo hago porque me gusta pasar tiempo contigo?
Escuché una risa ligeramente amarga hacia la parte delantera del coche, segundos antes de que la puerta de mi lado se abriera.
- Me reservo mi opinión.
Me encogí de hombros. ¿Qué más podía hacer?
Una vez hube salido del coche, la impresión que me dio el pueblo no mejoró demasiado. Y la visión de dos chavos de más o menos mi edad intercambiando una bolsita con cierto polvo blanco en una esquina, débilmente iluminados por la luz de una solitaria farola, no hizo más que confirmar esa horrible impresión.
- ¿Por qué matarse de esa forma? - murmuré, mirándolos con tristeza.
- Algunos elijen eso, otros se suben al coche de una perra psicópata – respondió Derrick, echándome una mirada elocuente.
- No es lo mismo, y lo sabes.
- Como quieras... el caso es, ya estamos en Kessel, ¿está tu curiosidad satisfecha?
- Nop – negué al instante.
- Me lo temía – suspiró con resignación -. Entonces, vamos dentro.
Me hizo una seña para que lo siguiera al local frente al que habíamos estacionado. Y el interior era incluso peor que el exterior. El piso apenas se veía bajo tanta porquería, si yo hubiera tenido así el Tequila, el papá de Aarón me habría matado. Aun así el bar o lo que fuera aquello, estaba hasta arriba. Apenas se pasaba entre la gente, la mayoría de los cuales parecían sacados de películas de terror, porque daban mucho miedo. La luz era lúgubre, como si al dueño se le hubiera olvidado pagar la luz y tuvieran que mantener la iluminación del lugar con cuatro o cinco velas. En un momento de pánico, aferré la manga de la chamarra de Derrick, temiendo que aquella gente me engullera y luego no pudiera encontrarlo. Un tipo con una calavera tatuada en un brazo me miró turbiamente, lo que hizo que me acercara más a Derrick. Cada vez me gustaba menos ese sitio.
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Un Verano para Recordar
RomansaEsta historia es una de las mejores que he leído, y me he leído muchiiiisimas.. La escribió una chica de España que se llama Miri (en el Foro de Univisión su usuario era chukypollito) y es simplemente hermosa, cuenta la historia de amor de Dulce y P...