Cap 94 "Cualquier cosa con tal de mantener a Poncho a salvo"

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Al fin conseguimos sortear a toda la gente y nos encontrábamos en un pequeño balcón del cual yo acababa de conocer la existencia, a pesar de haber estado varias veces en ese departamento. Claro, al ser tan grande siempre existía algún recoveco por descubrir. Eso tenía a ventaja de que otras personas no lo conocieran tampoco y no se acercasen a molestar, porque en ese momento no tenía ganas de ver a nadie, incluyendo a Aarón, pero de ese no sería demasiado fácil deshacerme. Además, tenía las respuestas a muchas preguntas que rondaban por mi cabeza.

Cuando me dejó en el piso, manteniendo sus manos en mi cintura, supongo, para sujetarme, me di cuenta de varias cosas. Primero, el alcohol que habíamos tomado tenía bastante más graduación de la que pensaba. Segundo, él no estaba nada borracho, pues se mantenía de pie perfectamente y su pulso era tan firme como el de alguien que ha bebido agua toda la noche. Y tercero, si me salía con alguna de sus respuesta enigmáticas otra vez, lo golpearía hasta terminar acusada por asesinato.

Me apoyé en el balcón con ambas manos, cuando noté un latigazo de dolor en una de las palmas. Puede que estuviera tomada, pero allí seguían las pruebas de mi torpeza, sangrando con intensidad, me había olvidado momentáneamente de ellas con todo el relajo, pero eso no las había hecho desaparecer. La retiré de allí con toda la rapidez que mis mermados reflejos me permitieron y la miré mordiéndome un labio para no ponerme a llorar como una chiquilla de cinco años que se ha caído en el parque. ¡Pero es que dolía carajo!

- Creo que no estás tomado – le solté de pronto, volteando la cabeza para mirarlo inquisitiva.

- Voy a por algo para curarte la mano – decidió convenientemente Aarón, soltando mi cintura.

- ¡Tú no te vas a ningún lado! – repliqué volteando todo el cuerpo rápidamente para agarrarlo. Demasiado rápido con tanto alcohol encima, si no me hubiera interceptado, habría caído sin remedio.

- ¿Quieres estarte quieta? - me regañó.

- ¡No! Lo que quiero es que me des una explicación de lo que acaba de pasar ahí dentro – le exigí, acercándolo a mi por la camisa, que estaba manchando de sangre, aunque no me importaba.

- Mira, sé que no estoy estudiando medicina ni enfermería ni nada de eso, pero creo que si no lo limpiamos se te va a infectar – se salió por la tangente.

- Aarón – gruñí, tratando de ser amenazante. Dio un suspiro.

- ¿No me vas a dejar irme hasta que hablemos, no?

- Si te vas antes de que hablemos te juro que me tiro abajo – lo amenacé echando un rápido vistazo hacia el vacío. Estábamos a unos cuantos metros de altura, de que me mataba, me mataba. Y creo que me vio lo suficientemente tomada como para hacerlo.

- Está bien, pero cálmate, eres la borracha más agresiva que me he topado nunca – resopló, soltando mis dedos de su camisa, que ahora parecía sacada de una peli de terror.

- No estoy ... - pero me detuve, era inútil negar la evidencia.

- Esperemos un momento a que te de el aire y te despejes, o si no no vas a entender nada de lo que te diga – convino, acercándome de nuevo al balcón.

- Ok – asentí a regañadientes. Sabía que tenía razón, pero me chocaba esperar.

Inspiré profundamente, notando como los vestigios del mareo todavía estaban presentes. No se me iba a bajar todo el alcohol que había tomado de golpe, pero por lo menos me sentía algo más tranquila, sin instintos suicidas.

- Habla – le espeté, girando ligeramente la cabeza para mirarle. Pareció rendirse.

- ¿No sabes lo que acaba de pasar ahí? - me preguntó, mirando hacia el frente, sin hacerme caso.

Un Verano para RecordarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora