Poncho
Cuando abrí la puerta de mi habitación, Aarón ya estaba allí, tirado en mi cama, como si estuviera en su propia casa, o mejor dicho, en su propia cama. Si estaba claro que problemas de vergüenza no tenía, o si, falta de vergüenza en todo caso. Aunque cierto era que, para bien o para mal, era prácticamente de la familia.
- Como puedes comprobar, recibí tu mensaje – anunció con despreocupación, un segundo antes de reparar en mi desastroso aspecto -. ¿Qué te pasó?
- De todo – dije en medio de un suspiro, mientras buscaba ropa seca en mi closet.
- Hola hola – saludó alegremente Ximena, entrando en la habitación sin tocar, como de costumbre. Llevaba en la mano una bolsa de papas fritas que le tendió a Aarón mientras se sentaba a su lado en la cama.
- ¿Qué? - me sorprendí. No era una pregunta demasiado específica, pero ambos entendieron a la perfección a que me refería.
- Por el mensaje que me mandaste es obvio que la cagaste en algo, y como dos cabezas piensan mejor que una... - explicó Aarón encogiéndose de hombros.
- Ya me dijo que le contaste todo, así que no tiene sentido que nos hagamos tontos, además como dijo Aarón, te van a hacer falta dos cabezas mínimo – imitó su gesto Ximena.
- ¿Y ahora puedes ilustrarnos por favor? ¿Qué pasó esta vez con la ardilla fugitiva? - insistió Aarón.
- Voy a darme un regaderazo primero – respondí, agarrando la ropa limpia, y sobre todo, seca.
- ¿Así estuvieron las cosas? - escuché la broma de Aarón desde el pasillo, pero no me volví a contestar.
Si él supiera...
Porque por mucho que fuera un amigo comprensivo, estoy seguro de que hubiera dado un brazo por encontrarse en mi situación media hora antes. Aunque fuera con cachetadón incluido.
Me duché a toda velocidad, intentando no salpicar demasiado, más que nada porque me había tocado a mi esa misma mañana limpiar las manchas de gotas. Quien diría que algo tan pequeño como las gotas de agua pudiera dejar tantas marcas. El caso es que, cuando regresé a mi habitación, aquellos dos conspiradores estaban llenando de migas mi cama y cuchicheando sobre algún tema bastante entretenido, al parecer. Y mucho me temí que ese tema entretenido fuera yo mismo.
- ¿Ya terminaron con la reunión? - pregunté, algo malhumorado. No podía ser, yo con semejante crisis existencial y ellos, que se suponía eran mis amigos, comiendo y riendo tan tranquilos.
- No lo digas así Ponchito, solo estábamos haciendo tiempo hasta que terminaras – se justificó Ximena, enderezándose. Supuse que mi estado de ánimo era palpable, por que decidió ponerse seria.
- Y ahora ya puedes contarnos que hiciste – me invitó amablemente Aarón. Era el colmo ¿por qué tenía que ser yo el culpable?
- Creo que vamos tener que remontarnos un poco atrás – suspiré, dejándome caer en el piso.
Adopté una postura parecida a la de meditación, al tiempo que ellos se inclinaban hacia delante para mirarme. Y yo traté de resumirlo todo lo mejor que pude, porque si no podríamos estar allí debatiendo toda la tarde.
- Como ya saben, Dul apareció ayer por la noche.
- Tu mamá me dijo tan pronto me levanté – asintió Ximena.
- Intenté hablar con ella hoy en la mañana en el Tequila, pero no quiso decirme nada de lo que pasó – comentó Aarón. Ahogué un gemido. Ojalá hubiera tenido el mismo detalle conmigo la noche anterior.
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Un Verano para Recordar
RomanceEsta historia es una de las mejores que he leído, y me he leído muchiiiisimas.. La escribió una chica de España que se llama Miri (en el Foro de Univisión su usuario era chukypollito) y es simplemente hermosa, cuenta la historia de amor de Dulce y P...