Dulce
Volví a reírme, aunque esta vez, igual que las anteriores, fue más bien por no llorar. ¿En serio se había ligado a alguien contando esos chistes tan malos? Ni siquiera las cebollas me daban tantas ganas de llorar como el chiste ese de no jugar con fuego y que fuego se quedase sin amigos.
- Están un tomate y un... - empezó otro de sus "brillantes" chistes. Y mi cerebro no podría soportarlo, al menos con un nivel tan bajo de alcohol en sangre como tenía en ese momento.
- ¡Híjole! No puede ser... ¿ves aquel chavo de allá? - señalé al azar y para cuando él miró, yo ya había bajado el dedo -, es un amigo y tengo mil años sin verlo, voy a saludarlo, ¿no te importa, verdad?
No llegué a saber nunca si le había importado o no, porque tan pronto vi la oportunidad me fui de allí a toda la velocidad que pude, esquivando gente. El salón de Annie tenía un tamaño considerable, y estaba hasta arriba de gente. Pero ya la verdad, en ese momento, necesitaba algo de tranquilidad, borrar aquellos horribles chistes de mi mente. Iría a la cocina, con un poco de suerte tendría algo con alcohol en el refrigerador. Aquella noche estaba decidida a pasármelo bien, aunque fuese a costa de mi hígado.
Sin dejarme arrastrar por la marea humana, poco a poco divisé el fondo del salón, en el que había un pequeño pasillo que comunicaba con la cocina. Tengo que añadir que el pasillo era lo único a lo que se le podía aplicar el adjetivo "pequeño" en aquella casa. Apartando de un empujón mi último obstáculo, una chava de casi metro ochenta que me miró con cara de malas pulgas, conseguí salir de allí.
Mi siguiente objetivo, el refrigerador de Annie. No me llevó ni cinco segundos alcanzar la cocina. Cinco segundos que tardó mi "noche de la felicidad" en arruinarse. Cinco segundos en los que todavía no había visto la aberración. Pero los cinco segundos pasaron y la noche continuó.
Por suerte el ruido de la música amortiguaba el sonido de mis tacones golpeteando el piso, por lo que ninguno de los dos se dio cuenta de nada. Pero yo si me di cuenta de lo que estaba pasando. Vaya si me di cuenta. Allí estaba Poncho, que seguramente se cambiaría en breve el nombre por Don Juan, besando a la víbora de Angelique. Me sorprendió el hecho de que alguien pudiera besarla sin morirse, con el veneno que tenía esa tipa. Pero Poncho era la prueba viviente, nunca mejor dicho, de que se podía.
Me quedé allí, en el umbral de la puerta, mirando durante un par de segundos como tarada, aunque más bien me parecieron horas. Mi primer impulso fue ir corriendo hacia aquel par de... individuos, por decirles algo agradable, y separarlos a golpes, hasta que dejaran de ofrecer resistencia. El segundo, apartarme, por si acaso uno de los increíbles cuernos de Ximena me alcanzaba. Al fin conseguí alejarme de la puerta, tratando de convencerme de que no debería importarme, que había decidido ignorarle de la misma forma que el me ignoraba a mi. Pero no lo conseguí. Me molestaba y mucho, que estuviera ahí poniéndole el cuerno a su novia tan alegremente, con ella a unos pasos. Porque ese no era el Poncho que yo conocía, usando a las mujeres de esa forma, ese era una especie de Aarón. Y ahora Aarón era sensible y tierno, y ese tampoco era el Aarón que yo conocía, era una especie de Poncho. Y todo estaba muy raro porque parecía que se estaban cambiando las personalidades y yo ya no sabía quien era cada uno, ni quien era yo, ni que sentía por ellos ni nada ¡Lo único que sabía era que la cabeza me estallaría como tuviera un solo problema más en el que pensar!
Como era costumbre últimamente, Super Aarón acudió al rescate, supongo que alarmado al ver mi cara de desconcierto. Me dejé caer en uno de los sofás del centro del salón que Annie había apartado para aumentar el espacio, ya de por sí considerable, y el se sentó a mi lado.
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Un Verano para Recordar
RomanceEsta historia es una de las mejores que he leído, y me he leído muchiiiisimas.. La escribió una chica de España que se llama Miri (en el Foro de Univisión su usuario era chukypollito) y es simplemente hermosa, cuenta la historia de amor de Dulce y P...