Capítulo 158 "No creo que haya momentos mejores"

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Poncho

Me la pasaba equivocándome. En todo. En qué decir, en como actuar, en mis planes chafa ... incluso en qué ponerme de ropa. No solía acertar en casi nada. Y para una vez que tenía un maldito acierto, tenía que ser precisamente ese.

Abril sufrió un shock hipovolémico, tal y como yo suponía. Consiguieron estabilizarla en la habitación y volvieron mandarla a quirófano tan pronto pudieron. Obviamente nadie se dio cuenta de que nuestra presencia no estaba permitida, aunque eso era lo único bueno que podíamos haber sacado de la situación. Aarón necesitaba descansar, pero no conseguí sacarlo de allí hasta que no consiguió la firme promesa de la enfermera de que nos avisaría tan pronto supiera algo. Mai me envió un mensaje a mitad de camino para contarme que no había sido capaz de contener a la madre de Aarón por más tiempo, pero no fue necesario. Su cara era la mejor defensa contra una regañina. Ni siquiera le preguntó a dónde habíamos ido, era su madre y le conocía lo suficiente como para intuirlo. Entre su madre, una enfermera y yo le ayudamos a meterse en la cama, porque de pronto parecía haber perdido todas las fuerzas. Su madre se quedó allí, mientras que yo y la enfermera salimos al pasillo, donde me regañó por haber sido tan irresponsable de llevarme a un paciente que todavía estaba en reposo.

Sus palabras llegaban a mis oídos, pero como una lejana voz que me hablaba desde la otra punta del hospital, no como alguien que estaba frente a mi. No podía dejar de pensar que yo era la última persona con la que Abril había hablado. Porque no tenía mucha fe en que fuera a recuperarse.

Cuando alcé la vista, me sorprendió ver que la enfermera ya no estaba. Yo y mi embobamiento. Quien si que estaba era el rostro preocupado de Maite, quien estaba ojerosa y traía el cabello recogido en una descuidada cola, lo que le daba un aspecto aun más cansado.

- ¿Qué ha pasado? - preguntó dubitativa, como si no quisiera saberlo realmente.

- No ... creo que vaya a lograrlo – respondí, con voz contenida. Ni siquiera yo sabía si me refería a Abril, o a Aarón.

- Dios, no ... - jadeó Mai, llevándose una mano a la boca.

Me sentía igual que ella. Creo que peor. Tembloroso, destemplado, inútil, impotente ... me abracé a ella, con la esperanza de que el contacto con alguien amigo sofocara ese torbellino de emociones. Hubiera dado lo que fuera por dejar de sentir en ese momento. Me respondió el abrazo, y noté que temblaba. O quizás era yo mismo, no lo sé. Estuvimos así un rato, pero no acababa de reconfortarme, obviamente era mejor que nada, pero ... no era el abrazo que yo estaba buscando. Nos separamos cuando escuchamos un rápido y familiar taconeo. Annie, ataviada con lo más sencillo que yo le había visto nunca (una camiseta azul de manga corta, jeans oscuros y sus sempiternos tacones), se acercaba a nosotros apresurada. Su expresión cambió de expectante a grave cuando vio las nuestras.

- ¿Le ha pasado algo a Aarón? - preguntó preocupada.

Miré a Maite, pero tenía los ojos llenos de lágrimas a punto de rebosar y no parecía capaz de responder.

- No, es Abril. Se ha puesto peor.

Annie suspiró, y de forma maternal, apoyó la cabeza de Maite en su pequeño hombro. La madre de Aarón salió de la habitación.

- Se estaba haciendo el dormido, así que salí – explicó, tratando de sonreír. Las comisuras de sus labios temblaron, pero no consiguió formar una sonrisa. Reparó en la recién llegada -. Hola Annie, gracias por venir.

Si sabía de los rumores de la mala relación entre Annie y Aarón, no lo demostró. Su tono era triste pero amable.

- No hay de qué – replicó Annie al instante -. Quería verle, pero ...

Un Verano para RecordarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora